domingo, 19 de diciembre de 2010

La Armeniense: Consuelo Suncín , Condesa de Saint Exupéry XXIX, XXX, XXXI y XXXII

Querida Cipotada Chula,

Despues de un breve lapso de inactividad causado por causas inevitables, aquí estoy de nuevo trayéndole mas de este rico recuento histórico y memorable que nos hace la doctora Mireille Escalante sobre una tremenda "buchona", su tía Consuelo, es decir, nuestra GRAN Condesa de Saint Exupéry, orgullo salvadoreño y motivo de estudio y análisis por cultos, estudiosos e intelectuales del mundo quienes reconocen de su porte como mujer de alta alcurnia y de sólido valor artístico-cultural; de tal manera que para gusto y satisfacción de usted que amablemente nos visita en esta "Nuestra Página Oficial Buchona", aquí hay mas sobre...¡"La Rosa del Principito"!

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Desde que mi tía Consuelo partió al extranjero, en 1920, regresaba por primera vez a El Salvador el tres de abril de 1938, permaneciendo un mes, en Armenia, en compañía de su madre, doña Ercilia, y de sus hermanas, Dolores y Amanda.

Este viaje fue inesperado, el esposo de mi tía Consuelo, Antoine de Saint Exupéry, a quien ella cariñosamente le decía “Tonio”, reclamaba su presencia en el hospital de Guatemala, lugar donde estaba recluido por las lesiones sufridas por un accidente aéreo, cuando se dirigía hacia Sur América. En ese año de 1938, Antoine de Saint Exupéry, al mejorar de su salud, se trasladó a convalecer a Nueva York, Estados Unidos. Mi tía Consuelo, aprovechando la cercanía Guatemala a su país, El Salvador, se dirigió hacia la población de Armenia, del Departamento de Sonsonate a visitar a su madre y hermanas.

Mi tía Consuelo muy elegantemente vestida, usando cartera, zapatos de tacón alto, conservando su imagen de estilo de “Condesa”, visitó el Lago de Coatepeque, Departamento de Santa Ana, El Salvador, tomándose esta fotografía, a la par del “cayuco”(23). Lugar para ella, con atractivo misterioso, por las aguas verdes azufradas.

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Cuando tuve en mis manos, por vez primera, esa fotografía, critiqué fuertemente, la forma de su vestir, pues yo, personalmente, cuando me he dirigido a paseos, en el mar, al lago, o laguna, lo hago de la manera más deportiva, y cómoda posible. Uso sombrero de palma, o una gorra de tela, blusa cómoda, pantalones cortos, sandalias; y si es posible, llevo puesto debajo de toda la vestimenta, mi traje de baño.

Con el tiempo- cuarenta años más tarde, comprendí a Consuelo.

Resulta que en el año de 1978, estudié en el Palacio de La Magdalena, -lugar de veraneo de los actuales Reyes de España, donde está instalada la Universidad Internacional Menéndez y Pelayo, en la ciudad de Santander, España, frente al Mar Cantábrico. Sobre los andenes, pasean personalidades en trajes formales, y mujeres elegantemente vestidas porque ahí existe uno de los casinos más famosos del mundo, y de la misma categoría del casino de Montecarlo, en el Principado de Mónaco, teniendo como una de exigencias, para su ingreso el llevar traje formal –tanto como para el hombre como para la mujer. Desfilando en ese casino, altas personalidades de la política, y de la sociedad.

La estadía de Consuelo, en 1938, fue la mayor parte en la casa de Armenia; y en San Salvador en el Hotel Nuevo Mundo, situado en aquel entonces sobre la 4ª. Calle Poniente y Avenida Cuscatlán, a un costado del Palacio Nacional, de la ciudad de San Salvador.

El periódico EL DIARIO DE HOY, siendo el editor y propietario don Napoleón Viera Altamirano, el 30 de marzo de 1938, dio la noticia, que mi tía Consuelo estaba en el vecino país, Guatemala, cuidando a su esposo Antoine de Saint Exupéry en un hospital, hasta que este se marchó a Nueva York a recibir un tratamiento médico, expresó la noticia: “Consuelito pasará algunos días al lado de sus familiares que residen en el occidente de la República”, posteriormente el mismo periódico, reconoce que “La Condesa de Saint Exupéry” regresó convertida en atinada escultora”, la noticia fue publicada por el mismo periódico, en San Salvador, el 3 de abril de 1938.

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Cuando mi tía Consuelo se marchó, para reunirse en Nueva York, con su amado esposo, Antoine de Saint Exupéry, se llevó consigo a su hermana Amanda.

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Como testimonio de ese viaje por barco, del año de 1938, tengo la fotografía de mi tía Amanda, tomada con el Capitán del Barco y la señora de éste. Puede apreciarse que Amanda, era baja de estatura, pero muy graciosa. El viajar por barco, en ese entonces era el medio más seguro, e idóneo para transportarse de un país a otro.

Se embarcaron mis tías, Amanda y Consuelo en el Puerto de La Libertad, para arribar a Nueva York. Luego los tres, Amanda, Consuelo y Antoine de Saint Exupéry, se dirigieron a Paris, Francia. Estando en Paris, Amanda, convivió en el mismo Apartamento de mi tía Consuelo y Antoine de Saint Exupéry.

Mi tía Amanda, fue testigo de los pleitos domésticos entre ellos. Comentaba que mi tía Consuelo tenía mal carácter, que Antoine, siempre quiso comprenderla. Mi tía Consuelo se quejaba de que mucho tiempo permanecía sola, que lo quería tener cerca más tiempo con ella; y por supuesto, celaba constantemente a Antoine; luego Amanda, se limitaba a comentar que “Saint Ex,” le hacía honor a su nombre: “Santo”. Porque era realmente un santo comparado con su hermana Consuelo.

Nunca ahondé en preguntar las razones de las peleas. Además, jamás me lo hubiera dicho; era una mujer discreta, quería mucho, mucho a mi tía Consuelo, nunca hubiera sido capaz de hablar mal de su hermana.

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Mi tía Amanda, además de ser la hermana menor de Consuelo, cuatro años menos, era pequeña de estatura, y de pies también chicos, como los de una Geisha.

Aprendió en Paris, Francia, a usar tacones altos, de 6 ó 7 pulgadas, para que le compensaran su estatura. Debido a los zapatos de tacón alto, al caminar se contorneaba maliciosamente, atrayendo las miradas penetrantes de los hombres, con el movimiento cadencioso de su pelvis; aprendió a tomar Vermouth, bebida preferida de Antoine y mi tía Consuelo, degustaban tomar una copa después de las comidas, sin embargo, jamás fue adicta a la cerveza ni a ingerir bebidas alcohólicas fuertes ni embriagantes.

Mi tía Amanda regresaba de Francia con el pelo rubio, y costumbres refinadas. Comentaba que durante la 2ª Guerra Mundial mi tía Consuelo, Antoine y ella, comían solamente spaguettis, debido a la crisis económica mundial, por ello, “ni pintados quería ver los macarrones”, porque le habían “empachado”, aburrido.

La fotografía es de la Villa de Grasse,” El Mirador”, un mini-palacio que Consuelo había heredado en 1927, del escritor guatemalteco, Enrique Gómez Carrillo, llamado el “Príncipe de la Crónica” y Diplomático de Carrera. Este, se jactaba de haber conocido personalmente al joven poeta nicaragüense Rubén Darío, en el año de 1890, en el Hotel La Unión, de la capital de Guatemala.

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Para describir El Mirador, cito las palabras del biógrafo guatemalteco, don Edelberto Torres Espinoza, publicadas en ENRIQUE GOMEZ CARRILLO, EL CRONISTA ERRANTE, que dicen así:

******** "El Mirador tenía bellos horizontes: a la izquierda la espléndida vista mediterránea y a la derecha el soberbio paisaje alpino. A la sombra de esbelta palmera que se erguía en el patio, solía escribir Gómez Carrillo". *********
 
El escritor Maurice Maeterlinck y su esposa, frecuentaban al matrimonio Gómez Carrillo-Suncín, como amigos y vecinos en El Mirador, Grasse, igual lo hacían Gabriel D´Annunzio, y el caricaturista salvadoreño Toño Salazar. Todos ellos, estuvieron presentes cuando Enrique Gómez Carrillo sufrió un rompimiento de venas en el cerebro, complicándosele hasta su fallecimiento, el 29 de Diciembre de 1927. Los restos de Gómez Carrillo, fueron trasladados de la “Magdalena” al cementerio Pere Lachaise, por un acuerdo del Alcalde de Paris, por considerarlo “hombre ilustre”.

Todo se debió, a que en Guatemala el gobierno considero a Gómez Carrillo, el coterráneo ilustre desaparecido; le rindió tributo a su memoria, ordenando que su retrato se pusiera en todas las escuelas nacionales, nombraron un parque en el centro de la capital de Guatemala con el nombre de Enrique Gómez Carrillo; denominaron con su nombre una sala de la Biblioteca Nacional y adquirieron sus obras completas; y en 1957, estamparon su retrato en la Lotería Chica de Guatemala

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Siendo viuda mi tía Consuelo, de Enrique Gómez Carrillo, en 1929 conocía a Antoine de Saint Exupéry, con quien se casó, el 12 de abril de 1931. Según Artículo del Dr. Francisco Mena Guerrero, en 1962 publicado en El Diario de Hoy, de El Salvador, se narra la declaración de matrimonio, que le hiciera Antoine a mi tía Consuelo, y como toda una leyenda, contestaba ella, el “SI”, al matrimonio, en medio de pleno vuelo en el cielo.

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MI TIA CONSUELO, CON FAMILIA SAINT EXUPERY EN FRANCIA, 1931

Como una esfinge egipcia, custodiando tesoros se le encuentra posando, recién casada con la familia de su esposo Antoine de Saint Exupéry, mientras él cumplía misiones aéreas.

La madre de Antoine, defendió a capa y espada a su nuera; como una madre llena de sabiduría, comprendía silenciosamente, que mi tía Consuelo, tenía cierto atractivo para su hijo Antoine, atractivo que solamente ella, podía complacerlo, y satisfacerlo. El se iba a veces de su lado, pero siempre regresaba como un “conejito a comer en sus manos”.

Las francesas, criticaron a Antoine, por haberse casado con una mujer de estatura pequeña, de origen desconocido, sin arraigo de nobleza, posiblemente de sangre indígena Mesoamericana, y para colmo hasta “viuda”.








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Salí de la "Tierra Linda" en 1979 y siempre soñé y añoré con regresar y ver a la gente querida y a los lugares que me vieron hacer muchas cosas allá hace muchos abriles ya...