miércoles, 22 de diciembre de 2010

La Armeniense: Consuelo Suncín, La Condesa de Saint Exupéry XL, XLI, XLII y XLIII

Cipotada chula,

Aquí hay mas aun, de las ricas narraciones que sobre nuestra Condesa ha hecho la doctora Mireille Escalante sobrina de Consuelo Suncín, Condesa de Saint Exupéry...

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Viajé en cierta ocasión, a Mexico, D. F., y busqué el libro de Lord Chesterfield, en todas las librerías, para comprármelo, porque el de mi madre, Dolores, desapareció de la casa. Aún ahora, estoy a la expectativa, pero cada vez, más lejana, de la oportunidad de adquirir esa obra. Lord Chesterfield, enamorado de la mitología griega; narraba historias de las diosas, acude a mi memoria el nombre de “Tetis, la diosa de los pies de plata.”

En el año de 1960, en el jardín de “El Mirador”, Grasse fue tomada esta fotografía. Está mi tía Consuelo, que viste de color perla, y charla animadamente con un amigo, en el extremo izquierdo de traje oscuro, Edgar, sobrino de mi tía Consuelo y mi hermano.

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El jardín, amplio, con vegetación, y flores, para mi tía Consuelo ideal para la creación de sus cuadros, usando a la naturaleza para conjugar entre sí, esos colores armoniosos comparando sus verdes oscuros, con los claros, el color de las alegres y vistosas flores ; su “petit Chateau”; además, su refugio en las temporadas calurosas del verano de París, asfixiantes y dañinas para ella.

El mismo lugar donde Enrique Gómez Carrillo, también le servía para inspirarse y escribir su obra.

Una de las últimas ocasiones, que a mi hermano Edgar se le vió en Grasse acompañando a la tía Consuelo, fue en un evento realizado en “El Mirador”, Grasse. A ella, le gustaba departir con sus amistades, atender a sus visitantes, proporcionarles alojamiento y alimentación.

En una carta del año 1967, mi tía Consuelo describe ese detalle generoso. Me comentaba de unos huéspedes americanos, con los cuales, practica hablando el idioma inglés. Mas adelante, expongo el contenido de la carta.

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Mi hermano Edgar, preocupado, pensativo, con la mirada perdida en el infinito, se le acercaba el día en que debía retornar a El Salvador.

Se observa diferente a la foto del año ´53, donde estaba recién llegado. Había aprendido a fumar. En la pared, y el piso, se aprecian sus cuadros pintados al óleo. Exhibiendo, en el centro, la escultura en bronce de EL PRINCIPITO - obra maestra de mi tía Consuelo.

Entre sus proyectos, estaba el de donar dicha escultura, a la Alcaldía de Paris para que en una plazuela se exhibiera.

Un homenaje a Saint Exupéry por El libro de El Principito, conocido mundialmente y fotografía de mi hermano Edgar, con mi tía Consuelo y El Principito traducido a varios idiomas. Abajo encontramos dos pinturas elaboradas por mi tía Consuelo, una corresponde a la portada de exhibición de la galería donde se exponían sus obras; y la otra, como fiel admiradora de caballos: un caballo blanco. Los cuadros pintados por mi tía, acá en El Salvador, son desconocidos. Lastimosamente solo esas dos fotos me encontré.

Encontré dos fotografías de sus pinturas, pues aquí en El Salvador, son completamente desconocidas.

Me permito presentar la que ilustra la portada de una invitación a la exposición de arte de mi tía Consuelo. Tarjeta que me obsequió enviándomela por correo.

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El mar está picado, y las nubes cargadas de agua, oscuras… y abandonado a su suerte El Principito.

Mi tía Consuelo, tuvo como tema en sus cuadros, la tragedia de EL PRINCIPITO, desaparecido en el desierto. Antoine estaba consciente de su profesión de piloto, riesgosa, y las bitácoras le servían de inspiración para escribir sus libros. Era un hombre de coraje, valiente, consideraba que su vida terminaría como la de “El Principito”… tan es así, que lo invistió de nobleza, identificándose con su personalidad. Sabía que su final sería debido a un desperfecto mecánico de su avión, y moriría en el desierto, desapareciendo.

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En Julio de 1961, mi hermano Edgar, trajo alegría a mi casa con su regreso al país, El Salvador, había aprendido idiomas, además del español, el francés, inglés, alemán e italiano. A mí me trajo muchos regalos, algunos comprados por él, y otros enviados por mi tía Consuelo. En ese momento, mostré mi agradecimiento escribiéndole una cartita pequeña, pero la sorpresa fue mayor cuando me contestó efusivamente la misiva.

De esta manera nuestra relación de correspondencia se estrechó, y durante varios años consecutivos nos escribimos.

Yo, ignoraba que mis cartas, le evocaban la nostalgia, de su familia.

Fotografía tomada por Edgar, sobrino de mi tía Consuelo, y mi hermano. 1960

Antoine y Consuelo, eran seres extraordinarios. Discutían, se separaban, se perdonaban, y se amaban. El nunca pudo vivir alejado de Consuelo. En una separación de meses, él llegaba de “visita” a supervisarla si algo le hacía falta. Jamás pensó en divorciarse. El cuadro del caballo blanco pintado al óleo por mi tía Consuelo, obra de exposición en una galería de arte.

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Una fiel admiradora de los caballos, remontándose a su infancia, cuando a galope tendido recorría la finca de Tres Ceibas, situada en jurisdicción de Armenia, Sonsonate El Salvador. Don Paul Webster, me comentó que en Pere Lachaise, existe sobre la tumba de Enrique Gómez Carrillo, (y donde en ella se encuentran también sus restos), una escultura de un caballo en bronce.

Mi hermano Edgar después de 10 años, de ausencia, se incorporaba a la familia de El Salvador, donde con los brazos abiertos lo esperábamos ansiosos, venía totalmente convertido en otra persona, con su carácter cambiado, un hombre formal, y serio. Para mí, un ser desconocido, a pesar de que yo le tuve especial cariño.

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Salí de la "Tierra Linda" en 1979 y siempre soñé y añoré con regresar y ver a la gente querida y a los lugares que me vieron hacer muchas cosas allá hace muchos abriles ya...